En la capa más superficial de la piel se van acumulando diariamente células muertas, toxinas e impurezas. Y si bien estas células se van eliminando en parte de manera natural a partir del baño o el roce de la ropa, con los años el proceso disminuye y es necesario eliminarlas con otros procedimientos de manera periódica como la exfoliación.
La exfoliación permite desintoxicar la epidermis y es necesario realizarla tanto en el cuerpo como en el rostro. Luego de este procedimiento la piel se ve más suave, lisa, luminosa; ayudando además a activar la microcirculación. Sumado a esto, permite disminuir la aparición de puntos negros o barritos, ya que luego de ser exfoliada la piel permanece limpia y los poros libres de sebo.
Es recomendable preparar la piel para los meses de verano a fin de poder enfrentar a los agentes externos como el sol, la exposición al aire libre, el agua de mar, o el cloro de las piletas. Por otra parte, durante los meses fríos se produce un aumento de impurezas sobre la piel, ya que la sudoración que ayuda a barrer las toxinas de la epidermis es menor.
La exfoliación también es útil para preparar la piel para recibir cualquier tratamiento de belleza como la hidratación, la aplicación de cremas anticelulíticas o nutritivas; ya que luego de un pulido corporal la piel que renace se encuentra en un estado óptimo y es más profunda la absorción de los productos que se utilicen.
Cómo se realiza
El pulido corporal y facial remueve las células muertas acumuladas en la epidermis y logra una mayor permeabilidad de la piel que luego debe ser hidratada y nutrida.
Para conseguir el resultado esperado se indican sesiones mensuales de pulido que realizan profesionales en gabinete.
El tratamiento se complementa con exfoliaciones en domicilio que realizan los pacientes. Se hacen cada dos semanas a partir de la utilización de un exfoliante con sustancias de acción abrasiva o con cremas que posean un efecto arenoso que limpie la piel. De acuerdo a la zona del cuerpo donde se realice el pulido los productos pueden variar, ya que es diferente el grosor y resistencia de la piel: las zonas más ásperas son los talones, las rodillas, los codos, y las zonas más sensibles son el cuello y el rostro.
El exfoliante debe aplicarse sobre la piel húmeda (lavada previamente con agua tibia y una emulsión de limpieza) mediante un masaje ligero que se realiza con movimientos circulares en el vientre, los glúteos y la cadera; y con movimientos ascendentes en los brazos y piernas. Para pulir el cuerpo puede aplicarse el producto exfoliante utilizando una esponja vegetal; en el rostro y el cuello se recomienda realizarlo directamente con los dedos. El producto se elimina después con abundante agua. Luego se seca suavemente la piel con una toalla y se coloca una crema hidratante o un gel según el tipo de piel.
Si querés conocer los tratamientos adecuados para tu caso, podés comenzar por pedir una primer entrevista sin cargo. |